Los puentes del judaísmo :
Don Quijote y los Judíos

La obra magistral de Cervantes esconde tantas pistas del conocimiento bíblico, talmúdico e incluso cabalístico del autor, que invita al análisis de la novela desde el punto de vista del judaísmo marginal y reprimido en España.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Detengámonos: ¿los sábados duelos y quebrantos? ¿En qué consistía la comida sabática preferida de Don Quijote? Francisco Rico asevera que quizá se trata de “huevos con tocino o chorizo”, pero no explica por qué.

Y la explicación es necesaria ya que, aunque era muy habitual, el cerdo brilla por su ausencia en la dieta que establece Cervantes para su caballero en el primer párrafo de la obra: carnero, guisado, pollo, lentejas, y punto.

Para Angelina Muñiz-Huberman podría referirse simbólicamente al “duelo y quebranto” derivados de tener prohibida la celebración del Shabat. También esta acotación viene sin explayes, y entre el jamón del primer comentarista y el Shabat de la segunda, se cifra el destino exegético del Quijote: desde soslayar sus presuntas raíces judías, hasta exaltarlas.

Rico es un renombrado editor de obras hispánicas y ha editado la edición de este año que conmemora el cuarto centenario de la novela. Es de lamentar que tanto él como la Real Academia Española hayan optado por la primera de las dos alternativas planteadas, y han salteado de este modo lo que viene resultando necesario durante los últimos tres cuartos de siglo: un abordaje a la probable judeidad ancestral de Miguel de Cervantes.

Que el prólogo de Mario Vargas Llosa haga caso omiso al asunto no sorprende, ya que el autor peruano viene exhibiendo cada vez más su palmario distanciamiento del pueblo judío, pero es una pena que también la Asociación de Academias de la Lengua Española haya estimado que lo hebraico-cervantino no tenía lugar en una edición tan vistosa y elaborada.

Otro libro ha cumplido este año un importante aniversario: Pensamiento de Cervantes (1925) del filólogo Américo Castro Quesada.

Éste, apenas declarada la república española, fue su embajador en Berlín, en donde el ascendiente monstruo terminó exilándolo a los EE.UU. en cuyas universidades enseñó literatura.

A partir de la década del treinta, y habiendo leído las entrelíneas del Quijote, Castro fue desarrollando una novedosa visión de Cervantes: ya no se trataba de un contrarreformista y altivo católico, sino de un reformador reprimido por la autocracia política y la censura social españolas.

Durante medio siglo Américo Castro impidió la reimpresión de su mentado libro, ya que aquella clásica aproximación a Cervantes había sido superada por la nueva que proponía el propio Castro. De ésta emergía un Cervantes converso o “cristiano nuevo”, con antepasados judíos, una condición a la sazón bochornosa y causa de discriminación, que puede fundarse tanto en la biografía del bardo como en el texto de su obra.

Ha explicado Ruth Fine que algunos de los antepasados de Cervantes, quien provenía de una familia de origen cordobés, fueron médicos y recaudadores de impuestos, profesiones usualmente destinadas a los judeoconversos o cristianos nuevos.

Dicho origen ha sido comprobado tanto en el caso de su esposa, Catalina de Salazar, como en el de su amante Ana Franca de Rojas. Asimismo, a Cervantes le fue denegado por Felipe II el acceso al cargo de gobernador en Potosí, función que requería “limpieza de sangre”. En suma, no escasean en su biografía datos que podrían haber sido obstáculos para integrarse socialmente.

A partir de que Castro mostrara al gran autor como un converso, permitió que Don Quijote se entendiera como una obra aún más crítica, en la que el caballero andante encarna al cristiano nuevo, idealista, patriótico, austero y pensador, en contraste con su escudero que encarna al cristiano viejo, ignorante y goloso.

En la visión de Castro, que fue recogida por Marcel Bataillon en Erasmo y España (1937), la hispanidad resultaría de la conjunción de ambos protagonistas. Cervantes, como Erasmo, se habría opuesto a la vida monástica, al concepto de autoridad religiosa, y aún más a los oficios y a la pompa.

Pero junto a ello, la posición marginal de Cervantes puede intuirse también de las sutiles aseveraciones que expresa en Don Quijote y otras, en las que incluso hay personajes judíos, si bien fugaces y residentes fuera de España (en Argelia, Constantinopla e Italia). Aparecen en las comedias Los baños de Argel y La gran sultana, en la novela ejemplar El amante liberal y en su novela póstuma Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

En las cuatro obras el tratamiento de los israelitas es cuando menos ambiguo: pasan del rol de víctimas a tomar iniciativas y mostrar sus aspectos positivos.

La nueva tesis de Américo Castro se fundamentaba en que el Siglo de Oro Español había sido en efecto una edad conflictiva, en la que la sociedad se polarizaba entre cristianos nuevos y viejos, en competencia para “demostrar origen impoluto”.

Los hombres de letras podían denunciar dichas circunstancias sólo por medio del doble lenguaje, la sutileza y el sarcasmo. En el caso del Quijote, también por el hecho de que se presenten tipos opuestos que encarnan el conflicto: el pícaro y el místico.

En junio de este año, Moshé Shaul publicó en la revista en ladino Aki Yerrushalayim, un artículo de Leandro Rodríguez en el que se muestra cómo los sentimientos de los cristianos nuevos de esta época, se expresaban de "manera velada por miedo de la Inquisición". Rodríguez afirma también que Cervantes no habría nacido en Alcalá de Henares sino en Sanabria, donde habían residido muchos judíos.

Castro deduce que sólo si era un “nuevo cristiano” en la periferia social, podía Cervantes animarse como lo hizo, a criticar la intolerancia de la España de marras. También se atrevió en las dos mentadas comedias a presentar la visión de la religión judía y, en boca de los personajes Humillos y Jarrete (Los alcaldes de Daganzo) supo despreciar el concepto de "pureza de sangre".

La tradición de ocultamiento que los nuevos cristianos heredaban, se expresa en Quijote en que mientras Sancho hace reiteradamente gala de su “limpieza de sangre”, el caballero permanece silencioso en cuanto a sus orígenes. Cervantes rechazaba la discriminación contra los nuevos cristianos.

Incluso en su rol de autor del libro, Cervantes se oculta, y le atribuye la obra a un supuesto Cid Hamet Benengeli. Según el capítulo IX de la Segunda Parte, la novela sería la traducción de un manuscrito descubierto en Toledo, escrito o bien en lengua árabe, o bien “en una lengua más antigua”, una probable referencia al hebreo, que no habría sido extraño en Toledo, donde los criptojudíos lo conservaban.

La mención explícita de los judíos en el Quijote es sarcástica. Un capítulo anterior al mencionado (el VIII) comienza con varias bendiciones a Alá por parte del misterioso Benengeli, quien allí nos relata cómo Don Quijote decide ir al Toboso para pedir la bendición de Dulcinea. En ese viaje, Sancho se pregunta si el autor del libro le perdonará sus defectos a la hora de describirlo, y supone que así habrá de ser ya que, además de carecer de bienes y por lo tanto no poder ser objeto de envidia, luce una virtud que compensa sus defectos de “algo malicioso con asomos de bellaco”. Para el escudero es suficiente “cuando otra cosa no estuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos”.

De los judíos al judaísmo

Más allá de los personajes judíos y de las circunstancias de los conversos, hay en el Quijote menciones explícitas de fuentes judías. Otro artículo de Ruth Fine muestra que en la obra se suceden personajes bíblicos como Adán y Eva, David, Goliat, Sara, Lot, Sansón, Salomón, Matusalén y las doce tribus, y se citan o aluden una decena de libros de la Biblia hebrea: Génesis, Levítico, Deuteronomio, Jueces, Reyes, Ezequiel, Jonás, Salmos, Proverbios y Cantares, “lo cual revela un significativo conocimiento de los mismos, por parte de Cervantes”.

En 1988 Bernardo Baruch publicó un interesante vínculo textual entre el Quijote y nada menos que el Talmud. El capítulo 45 de la novela recoge un relato que aparece en el tercer capítulo (Arbaah nedarim) del tratado talmúdico De los juramentos (Nedarim 25A) y que se conoce como “la caña de Rabá” (÷ðéà ãøáà): un deudor, antes de jurar que ya ha pagado, le pide al demandante que le sostenga su caña (en la que había ocultado el dinero). Cuando entonces jura que ha entregado el dinero, en el sentido literal ya no está mintiendo. Después del juramento, el acreedor enojado rompe la caña y, al desparramarse el dinero en el suelo, se prueba con ello que en efecto había pagado engañosamente.

Así lo escribe Cervantes en el Quijote:

Ante el gobernador se presentaron dos hombres ancianos; el uno traía una cañaheja por báculo, y el sin báculo dijo: Señor, a este buen hombre le presté días ha diez escudos de oro en oro… no solamente no me los vuelve, pero me los niega y dice que nunca tales diez escudos le presté, y que si se los presté, que ya me los ha vuelto… El viejo del báculo dio el báculo al otro viejo, que se le tuviese en tanto que juraba, como si le embarazara mucho, y luego puso la mano en la cruz de la vara, diciendo que era verdad que se le habían prestado aquellos diez escudos que se le pedían, pero que él se los había vuelto de su mano a la suya… Viendo lo cual el gran gobernador… tomó el báculo y, dándosele al otro viejo, le dijo:

- Andad con Dios, que ya vais pagado.

-¿Yo, señor? -respondió el viejo-. Pues ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?... Y mandó que allí, delante de todos, se rompiese y abriese la caña. Hízose así, y en el corazón della hallaron diez escudos en oro; quedaron todos admirados y tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomón.

Claro que una sola cita no bastaría para probar algún conocimiento talmúdico por parte de Cervantes, pero el contexto general y el modo en que salpican la novela tanto menciones bíblicas como otras que son singularmente apologías de la tolerancia, han llevado a interpretaciones más radicales. Por ejemplo, para el mentado Leandro Rodríguez, Dulcinea sería una metáfora de la judaica 'Shejiná', la presencia divina, y por ello Don Quijote insiste en que los que encuentra en su viaje le rindan homenaje.

Similarmente, Kenneth Brown, de la universidad canadiense de Calgary, cita un documento del siglo XVII que considera al Quijote "un libro de martirologio judío".

Pero quien ha llevado la exégesis místico-judaica del Quijote a su extremo es Dominique Aubier, quien dedicó su vida a explicar la novela por medio de la Cabalá, a fin de decodificar el texto y revelar su sentido oculto.

Para Aubier, Cervantes esconde en efecto, un mensaje en su texto, “en una legua antigua”. La raíz aramea “Q’shot” -como se habría pronunciado la voz “quijote” hace cuatro siglos- significa “verdad”: la críptica verdad que el autor se habría propuesto transmitir desde el título mismo por medio de códigos cabalísticos. La obra de la Aubier halla símbolos de esa índole en las palabras, eventos y personajes del Quijote.

Aun si no fuéramos tan lejos, evitar el análisis que ha abierto Américo Castro acerca de las intenciones de la novela desde un punto de vista del judaísmo marginal y reprimido en España, es sacrificar un aspecto enriquecedor de la obra maestra.

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DON QUIJOTE Y LOS JUDIOS

ERA UNA FORMA DE EXPRESARSE EN CODICE AL PUEBLO JUDIO PUES QUIEN LO LEERIA LO ENTENDERIA : MÁS LOS GOI LO VIERON Y LO SIGUEN VIENDO COMO UNA OBRA FANTASIOSA QUE RALLA EN LA LOCURA DEL PERSONAJE :COMO EN SU BIBLIA TIENEN LA LUZ DE LA TORA MAL ESCRITA Y MANIPULADA HA PERO UN JUDIO Y LO SABE Y LO VE : PERO ELLOS SE EMPEÑAN EN NUEVO TESTAMENTO Y LO PREDICAN Y LE PONEN DE SU COSECHA INCLUSO SE DESCALIFICAN ENTRE SUS CONGREGACIONES Y :SE JUSTIFICAN CON EL PUBLO JUDIO QUE LE FALLABAN A SU D-OS

D-OS BENDIGA A EREZ ISRAEL
SHABAT SHALOM...

By: ADOLFO MANUEL   enigma (guer_landg...) - December 31, 2005



don Quijote y los judios

me parecio ! ! GENIAL
felicitaciones...

By: fortuna   enigma (federy@int...) - December 28, 2005